lunes, 1 de noviembre de 2010

Inquisidora

Mewt se despertó. Estaba desnudo, en una cama... La habitación era pequeña, estaba hecha de piedra, y la decoración era austera... Una ventana en la pared, la cama, una pequeña cómoda, una silla y una mesa... Todo tallado en un estilo muy sencillo... 


En la silla había una monja... No se había dado cuenta de que Mewt se había despertado... Cuando se giró a tomarle la temperatura, notó que estaba despierto. Con muchas disculpas, la hermana, que apenas debía de ser una novicia, salió de la habitación... Pasaron quince minutos... Al final, Mewt pudo oír el característico sonido de los tacones golpeando el suelo de madera... ¿Tacones en una abadía? Intentó pensar, para llegar a una explicación de como puede ver alguien con tacones en la abadía... Pero hasta que la respuesta no abrió la puerta no se le ocurrió. Una inquisidora. Era la misma que le había dormido... Era bastante joven, posiblemente de la edad de Mewt. Llevaba el pelo, completamente rojo, suelto hacia atrás. Combinaba el traje de inquisidora con unos zapatos de tacón... ¿Cómo podía andar con eso?
-Vaya... Parece que el inquisidor Randell se despertó al fin... - el tono era bastante insultante, y si no fuera por su actual confusión, Mewt habría buscado algo con lo que responder. - Justo como dijo el Inquisidor Marcel. Joven, con buenas intenciones, pero sin sentido común... Por tu culpa han muerto cuatro inquisidores. Espero que haya merecido la pena...
-Lamento tener que recordartelo, pero en ningún momento pedí ayuda.
-¿Y que esperabas, que nos quedasemos sin hacer nada?
-Eso habría sido inteligente. 
Se hizo el silencio... Una tensa mirada entre ambos revelaba el principio de un enfrentamiento... Parecía que fuesen a luchar en cualquier momento... Hasta que una de las monjas le dijo algo a la inquisidora... Mewt no supo que había dicho la monja, pero fuese lo que fuere, le había concendido un descanso...

sábado, 30 de octubre de 2010

Off

Hola. Veréis, he pensado (milagro) en que de vez en cuando, para que comentéis como os ha parecido, pondré un post de Off para que comentéis sobre las últimas entradas. También tengo que informar que estoy de exámenes, así que tendré que disminuir el ritmo. (razón por la que no publique la semana pasada.)

domingo, 17 de octubre de 2010

¿En serio creíste que no me di cuenta?

Mewt había dejado a los dos extraños en el sótano. Uno de ellos decía que era médico, y a Mewt no le servía Maya en las condiciones en las que se encontraba actualmente. Sabía que era mucha casualidad que se hubieran enterado de los gritos... Sobretodo por que había una sólida pared de piedra de algo más de un metro de espesor. Mewt sospechaba, pero prefería esperar.


Por la noche, cuando los dos tipos se marcharon disculpándose y alegando que tenían asuntos que atender, Mewt bajó al sótano. Tal y como pensaba... La puerta abierta. Miró por el resquicio que había... Maya estaba libre y recogiendo sus cosas. Parecía alegre... Incluso canturreaba una canción.
-¿En serio pensabas que no me daría cuenta? Esos tipos sabían hasta donde estaba el sótano. Sería estúpido si no sospechará.
Maya se quedó paralizada al oírlo. Parecía que se llevaba la mano a un estilete, aunque en el último instante paró. 
-¿Y si te dijera que tu eres como nosotros?
-Si vas a empezar a desvariar tendré que pedirte que vuelvas a atarte.
-Tu alma... Es como la nuestra... No tiene nada que ver con este mundo... Es diferente de la del resto de la gente. - Maya miró a Mewt fijamente... No parecía mentir, pero por el tono que usaba, quería decir que Mewt era como aquellos seres a los que perseguía... Lo cual no era muy agradable. Por favor... Es rídiculo. Dime que vas a matarla. No puedo soportar esta mierda mucho más... ¿Pero qué coño? Esa voz... No sabía decir de donde venía... Pero Maya no parecía escucharla. - Eres un nephilim... Un alma del infierno... Tal y como dijo Bastex. - Lo sabía... Debiste matarlos antes.
-¡¡CÁLLATE!! - Mewt se tapó los oídos mientras lo decía... No sabía si se lo decía a la voz... O a Maya. De repente, todo se volvió negro...




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Despierta pequeño... Despierta...




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Mewt despertó de repente en una cama... Había soñado algo... Una mujer acunaba en brazos a un bebé... Y ese bebé... ¿Era él?
-Rápido dale esto... No creo que despierto aguantase lo que pasa... - Algo le tapó la nariz... Alcanzó a ver algo... Unos inquisidores... Luchaban contra alguien... ¿Maya y sus compañeros?.. Los cuerpos de unos guardias... O tal vez inquisidores con armaduras... Estaban tirados en el suelo... Muertos... Había algún tipo de batalla allí... Lo único que pudo ver antes de caer de nuevo en el sueño fue a una chica con el pelo rojo como el fuego, dando instrucciones a quien lo estaba sujetando... Y vestida con una túnica con los símbolos de la Inquisición... No pudo ver más, ya que el sueño llegó de la mano del paño que le pusieron en la nariz...

viernes, 8 de octubre de 2010

Marcial y Bastex

Mewt bajó al sótano. Llevaba varias horas pensando en que hacer con aquella chica. Había estado a punto de costarle todo lo que quería en este mundo, pero cada vez que pensaba en ella... Finalmente, delante de la puerta del sótano, decidió que como inquisidor, nada debía interponerse en su camino. Manteniendo una cara excepcionalmente seria, Mewt abrió la puerta. Maya estaba colgada de pies y manos con cadenas, y todas las armas que llevaba encima estaban ahora sobre una mesa. Unas decenas de estiletes y dos dagas.
-Vaya. Por fin alguien viene. Creí que te había matado con el estilete. - Maya movió la cabeza, quitándose el pelo de delante de la cara. Al parecer Marcel había estando golpeándola, ya que tenía la cara llena de moratones. - La próxima vez me aseguraré de que traspase tu corazón.- Mewt no respondió. Ella estaba furiosa, tenía derecho de estarlo, pero ahora él tenía un asunto muy importante entre manos.
-¿Qué hacías en la casa de aquél noble? Es obvio que eres una asesina, pero algo me dice que eres capaz de mucho más que de colarte ahí.
-Lo soy. Pero ese día estaba actuando de libre. ¿Te importa?
Mewt no llegó a contestar. Escuchó unos pasos, de alguien con una armadura... Aquella casa era de incógnito... ¿Quién la habría encontrado? Por la expresión en la cara de Maya, ella también había oído los pasos. Mewt agarró la empuñadura de su Legislador, y se encaró a la puerta. Pasaron diez tensos segundos... Entonces se oyeron unas voces, de dos hombres discutiendo.
-Puedo derribar esta puerta de un sólo puñetazo.
-¡Ja! Puñetazos... Déjele hacer a mi pequeñita y verá, anciano.
La discusión comenzaba a a alargarse... Finalmente Mewt perdió la paciencia y lanzó una descarga de luz contra la puerta, haciéndola reventar. Justo detrás, en las escaleras, había dos hombres. Uno era joven, de unos veintitantos, con el pelo castaño en una melena. Era enorme, de unos dos metros, y llevaba una armadura que parecía bastante pesada. Sujetaba una enorme hacha de doble filo en una mano, y llevaba a la espalda un mandoble y una ballesta. El otro llevaba una túnica. Aparentaba unos cuarenta y pocos. De estatura media, y con un aire desaliñado, con la barba descuidada. Ambos pegaban tanto como una monja y una espada.
-Señores, esto es propiedad de la Inquisición. Será mejor que se vayan.
Ambos hombres se quedaron impresionados. La explosión les había pillado de imprevisto, pero el hombre de la armadura parecía alegre.
-Vaya. Por fin alguien con algo de fuerza. ¡Lucha si te atreves! - Antes de decir nada más, el joven se lanzó a por Mewt, pero justo antes de poder hacer nada para evitarlo, el otro hombre le puso la zancadilla, haciéndole caer al suelo.
-Lo siento por mi compañero. Su nombre es Marcial, señor inquisidor, y yo soy Bastex.
Mewt no podía salir de su asombro... ¿Quiénes eran esos dos locos?

sábado, 2 de octubre de 2010

Inquisidor Randell

Ya estaba anocheciendo. Una figura, vestida con un vestido corto se subió al balcón. de la habitación. Entró, y comenzó a buscar en los cajones de la mesilla. Conforme pasaba el tiempo parecía más desesperada.
-¿Buscabas esto? - Llednar salió de entre las sombras. Llevaba la espada en una mano y el colgante en la otra. Sonreía. Todo había salido según lo planeado.
-Vaya señor inquisidor... Robarle algo a una dama no es de muy buena educación.
-No pretendo ser educado. Ha llegado tu hora.
Llednar se lanzó contra Maya, intentando golpearla con la espada. Ella pasó a la defensiva, esquivando sus ataques. Los golpes comenzaron a destrozar el mobiliario. Se oían desde el salón, y el señor de la casa fue a investigar. Al entrar, la escena era sorprendente. La habilidad marcial de ambos contendientes era increíble, pero si la lucha se alargaba mucho más Maya llevaba las de perder. Haciendo caso omiso de los gritos del noble, Llednar la lanzó hacia el jardín. El golpe fue bastante fuerte, y Maya se quedo tumbada contra el suelo. Cuando Llednar salió todo ocurrió muy deprisa. Ella empezó a lanzarle estiletes, de los cuales, uno le impactó en un hombro. Muy enfadado, Llednar lanzó una potente descarga de energía oscura, pero sin saber cómo, vio como Maya la esquivaba.
-Vaya... Eres bastante ágil, pero no podrás correr eternamente. - Por toda respuesta, Maya lanzó otro estilete, que golpeó contra la pared.
-Pensaba que habías tenido ocasión de constatar mi agilidad anteriormente. - Incluso en esa situación, la voz de Maya resultaba pícara, pero la respuesta de Llednar fue inmediata. Bajó hasta el jardín utilizando el poder de su alma que el inquisidor Marcel había llamado ki, y se preparó para lanzar otra descarga de energía, aún más potente que la anterior.
-Siento tener que decirlo,  pero recuerda que estás luchando por tu vida. - Hubo un silencio. Maya se puso seria, y miró a Llednar. Su expresión era extraña. Una mezcla de curiosidad y preocupación.
-¿Y tú?¿Por qué luchas tú? Sé que eres uno de los nuestros. No eres puramente humano. Nunca serás un inquisidor.
-Tú no sabes nada de mí. Como mucho sabrás algo sobre Mewt, pero él es un debilucho. - La expresión de la cara de Maya cuando Llednar se refirió a Mewt en tercera persona fue de sorpresa, pero cuando Llednar le atacó, consiguió esquivar el golpe fácilmente.
-Si no eres Mewt Randell. ¿Quién eres? - Maya estaba preocupada. Había indagado bastante sobre Mewt antes de volver al palacio de aquel noble, pero no sabía de ningún hermano gemelo... ¿Quién podría ser?
-Soy Llednar Twem. Y tu eres un cadáver. - Llednar se lanzó contra Maya, y ella se lanzó contra él. Llednar logró golpear a Maya en la cabeza con la parte plana de la espada, y Maya logró darle en el pecho con un estilete... Después, ambos cayeron al suelo...




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Mewt se despertó. Estaba en su habitación en la ciudad. El inquisidor Marcel estaba a su lado.
-Buen trabajo, muchacho. - Su cara tenía una sonrisa de satisfacción, pero Mewt sólo se acordaba de que le habían quitado el rango de inquisidor... ¿Qué habría pasado? - La chica se encuentra ahora en el sótano. Esta será tu primera investigación en solitario, chaval.
-¿Qué?¿Pero usted se va?
-Si. Ya han pasado dieciséis años. Va siendo hora de que trabajes solo. Puede que nos volvamos a ver,  inquisidor Randell.
Marcel se marchó de la habitación. El ruido sugería que se había ido de la casa también... Mewt tenía muchas dudas, pero un pensamiento pasó por encima del resto. ¿Inquisidor Randell? Suena bien...

No vales nada.

Mewt se despertó a la mañana siguiente. Maya se había ido ya. Mewt se vistió rápidamente y comprobó que todas sus cosas seguían en su sitio. Volvió a atarse el pelo en varios nudos. Ese estilo se había convertido casi en una seña de identidad. Cuando salió hacia su habitación se cruzó con Marcel. La reacción de Marcel fue instantánea. Sin que Mewt tuviese ninguna oportunidad, le golpeó en la cara, tirándolo al suelo.
-Idiota, la has dejado escapar.
-¿De... dejarla escapar?¿Qué quieres decir?
-¿¡Ni siquiera te diste cuenta!? - La voz de Marcel denotaba una inmensa furia. - Parece ser que el inquisidor Ángel tenía razón. No vales nada como inquisidor. Nada. - Mewt estaba confuso. No tenía la más remota idea de a que se refería. - Ya que no lo notaste ni tan siquiera cuando estabas en su misma cama, esa chica con la que estuviste tiene un gran poder sobrenatural. No es una humana normal. Nuestro deber es destruir a los seres sobrenaturales, no confratenizar con ellos.
-Lo siento mucho señor...
-Nada de señor. Inquisidor Marcel. Tu actuación ha sido pésima. No te mereces el rango de inquisidor. - El mundo de Mewt se desplomó. Toda su vida había estado dedicada a la Inquisición... Y ahora le despojaban de ella. - A menos que encuentres a esa chica y la mates, puedes dar por seguro que te mataré yo a ti.
Marcel se marchó. Sólo tenía esa pequeña oportunidad de seguir en la Inquisición, pero no se veía capaz de aprovecharla... Eres un debilucho, Mewt. Si tu no puedes, me encargaré yo. Mewt sólo llegó a escuchar estas palabras... Después se desvaneció.




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Llednar tomó el control. Lo primero que hizo fue soltarse el pelo. Luego comenzó a pensar en que era lo que quería la tal Maya... Tal vez el dueño le había injuriado de algún modo, y quería venganza. Tal vez fuese una ladrona. Poco importaba, ahora podía darse por muerta. Volvió a la habitación. No esperaba encontrarla allí, pero tal vez obtendría alguna pista. Buscando entre los cajones, encontró un extraño collar con forma de estilete. Parecía valioso. Tal vez volvería a buscarlo... En ese caso, él estaría allí... Y le haría pagar.

Maya

Otros cuatro años habían pasado. Mewt había tenido ya numerosas ocasiones de demostrar su valía como inquisidor. Parecía mentira que un principado como Gabriel surgiesen tantos problemas con seres sobrenaturales. Mewt y Marcel volvían de solucionar uno de estos problemas. Una fuerte tormenta les había sorprendido volviendo a la ciudad, y no iban a poder llegar... Al menos no sin una pulmonía. Tras comprobar que pasaban cerca de la finca de un noble, decidieron pedir el alojamiento adecuado a miembros de la Iglesia.

Tras llegar a la puerta, y ver las vestimentas con la cruz, un mayordomo les hizo pasar. Al llegar al vestíbulo salió a recibirles el dueño de la finca. Tras ofrecerles su hospitalidad, y dos habitaciones, les informó que, si estaban interesados, estaban teniendo una pequeña charla en el salón principal. Al llegar a las habitaciones Marcel posó su mano sobre el hombro de Mewt.
-Ve a ver de que están hablando allí abajo. A veces se puede sacar información provechosa de los sitios más inesperados.
Mewt sabía lo que significaba eso. Marcel iba a hacer ciertas comprobaciones en las salvaguardias mágicas que usaba, y odiaba que hubiese alguien cerca mientras lo hacía. Tras cambiarse las ropas mojadas por otras más acordes para una reunión de salón, bajó al piso inferior, dando una pequeña vuelta por el piso inferior. Al ver una puerta en la que ponía "Galería", entró. No le decepcionó lo que vio. Una enorme galería de arte religioso. Al ver una imagen sobre el sufrimiento de Abel en la cruz, se inclinó, haciendo una pequeña reverencia.
-Vaya, usted debe de ser uno de los dos inquisidores... ¿No? - La voz era femenina, de una chica joven. Al girarse, Mewt vio a la chica. Joven, como mucho un par de años más que él. Llevaba el pelo, largo y rubio, recogido en una larga coleta, y vestía un vestido largo, de un color rojo sangre. - ¿Le he asustado, señor inquisidor?
Mewt intentó parecer tranquilo, pero nunca se había sentido a gusto con otras personas, menos con mujeres atractivas. Intentando mantener la compostura volvió a girarse hacia el cuadro.
-Así es... ¿Y vos sois...?
La chica se acercó hasta Mewt, y le miró con curiosidad. No parecía que fuese su idea de un inquisidor.
-Maya.
-Eso no dice mucho. - Mewt se preguntaba que haría ella allí. No parecía noble, pese a lo bien vestida que iba, y desde luego no era una sirvienta. - ¿No deberíais estar en el salón?
-¿Es que esto es un interrogatorio, señor inquisidor? - Maya se acercó aún más a Mewt, llegando a escuchar su agitada respiración.
-Me parece que aún no ha respondido a mi pregunta. - Mewt comenzó a aplicar todo lo que había entendido. Estaba dispuesto a ser él el que hiciera las preguntas, no al revés.
-No, no debería estar aquí, eso desde luego. Pero creo que usted tampoco. Aunque bueno... Eso tiene fácil solución, ¿no? - Mewt se sonrojó. No hacía falta ser muy listo para imaginar la falta de contacto femenino que había tenido debido a su entrenamiento. La chica se acercó y le besó en la mejilla. - A menos que el señor inquisidor tenga algo que decir en contra. - Sin darle tiempo a decir nada en contra, Maya besó a Mewt, esta vez en los labios, acariciando su pelo y soltándole los nudos con los que lo llevaba recogido. Sin saber como ni porque, Mewt acabó yendo con ella, todavía besándose, hasta su habitación.


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Habían pasado ya varias horas. Mewt y Maya estaban en la cama de ella. Las sábanas estaban liadas, y Maya descansaba plácidamente sobre Mewt. Mewt estaba despierto, y tenía miedo. Durante todo ese tiempo había estado reprimiendo un extraño impulso de lanzarse sobre el cuello de Maya y morderla. Ahora, viendo como Maya descansaba sobre él, ese impulso se estaba haciendo aún más fuerte. Se acercó ligeramente a su cuello. Olía a perfume. En tan sólo un momento, la mordió, provocando una pequeña herida, y lamió la sangre que salía de ella. La herida se cerró pronto, pero Mewt sólo podía pensar en una cosa: ¿Por qué?¿Qué era ese extraño impulso?Pobre de él, se quedo dormido antes de llegar a encontrar la más mínima respuesta.

Soy Llednar Twem.

Mewt y Marcel llegaron al pueblo... No había ni un alma. Sólo se escuchaba el sonido del viento. Nada más entrar Mewt comenzó a buscar usando todas las detecciones sobrenaturales que conocía. Había restos de magia por todos lados, y apenas podía ver nada a través de ellos. En su mano, la empuñadura de "Viva la Reina" vibraba fuertemente.
-Ve a mirar a la iglesia del pueblo. Yo buscaré por las casas. Si te encuentras al nigromante no te enfrentes a él tu solo.
Por toda respuesta, Mewt comenzó a encaminarse hacia la iglesia, cuyo campanario podía ver. Mientras se movía hasta allí comenzó a sentirse nervioso... No era consciente de lo que estaba pasando en su interior... Pero tampoco había nada que pudiese hacer contra ello...




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Mewt entró en la iglesia. Se acercó al altar e hizo una reverencia hacia la cruz. Apenas se agachó, una flecha cayó a sus pies.
-Vaya, yo que esperaba encontrarme a un inquisidor y tan solo es un muchacho... - Cuando Mewt se giró pudo ver a un hombre vestido con una extraña capa negra. Junto a él había dos esqueletos. Uno de ellos llevaba un arco y el otro una espada.
-Será mejor que te rindas, brujo.
-¿Rendirme?Mírate, te tengo contra las cuerdas. ¿Tú solo contra mí y estos dos? Lo dudo.
Mewt quería acabar rápido. Lanzó una descarga de luz contra el nigromante, pero el esqueleto que llevaba el arco se puso en medio. Destrozo al esqueleto, dejando un montón de huesos. Tras eso el segundo esqueleto se lanzó contra él. Mewt consiguió parar el golpe, y de un tajo le destrozo el pecho. Dejando a los esqueletos en el suelo se acercó al nigromante hasta poner su espada en su cuello.
-¿Tus últimas palabras brujo?
Se hizo el silencio... El nigromante le miró completamente serio. Al final sonrió un poco.
-Dale recuerdos a la Muerte.
Mewt no pudo oír el comentario. Miró hacia su estómago. Una espada le atravesaba de un lado a otro... Sintió como le daban una patada para quitarle de la hoja. Al mirar hacia arriba pudo ver a los dos esqueletos completamente de pie.
-Interesante, ¿verdad? - La voz del nigromante era relajada. Estaba apoyado de rodillas junto a Mewt, examinando la herida. - Estos esqueletos pueden reconstruirse. La única manera de destrozarlos es machacarlos hasta que sólo quede polvo. No te preocupes por la herida... Morirás en unas horas. ¿Quién sabe? Puede que te reviva y te convierta en uno de mis esclavos.
Mewt intentó responder, pero sólo pudo escupir sangre. Estaba defraudando a su maestro. Pese a todo dedicó sus últimos pensamientos a una plegaria por Marcel.
Estúpido. ¿Qué era esa voz? El nigromante no parecía haberla oído. Seguía diciendo estupideces sobre los experimentos que podría hacer con su cadáver. Me das asco Mewt. Déjame a mí. Este tipo va a pagar por su atrevimiento... Mewt no respondió. Su cabeza daba vueltas... Sin poder decir nada se desmayó.




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Abrió los ojos. Trece años esperando para salir... Estúpido Mewt. Examinó la escena. Aún tenía a "Viva la Reina" agarrada por la empuñadura. El nigromante se estaba marchando de la iglesia. Le acababa de decir a los esqueletos que le rematasen... Iluso... Mucho más iba a necesitar.Antes de que llegase a las puertas, se levantó, golpeando con su espada a uno de los esqueletos, y haciendo astillas toda la parte superior de su cuerpo. El segundo esqueleto reaccionó, lanzándose contra él, pero poco pudo hacer contra el segundo golpe, que destrozó ambos brazos del esqueleto. En apenas unos segundos ambos esqueletos estaban hechos astillas contra el suelo. El nigromante se detuvo, y sin apenas girarse pronunció unas palabras.
-¿Qué eres? - El tono denotaba un enorme miedo.
-Soy tu peor pesadilla. - Comenzó a musitar unas palabras. El nigromante no reaccionó... Una descarga oscura destrozó el cuerpo del nigromante, y soltándose el pelo continuó. - Soy Llednar Twem.
En ese momento cayó al suelo... El esfuerzo físico, sumado a la herida, lo estaba matando. Cayó al suelo, pero con una sonrisa en los labios.




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Mewt se despertó en una cama. No recordaba nada. Sólo recordaba la espada del esqueleto clavándose en su estómago. Intentó incorporarse, pero el dolor era muy fuerte. Aunque pudo ver unas vendas que cubrían su estómago.
-No estuviste mal, pero te dije que no te enfrentases tu solo al nigromante. - Marcel, que acababa de entrar en la habitación miró la herida - Se está curando bien. Has tenido suerte de que notase las descargas. No vuelvas a hacer esa estupidez.
-Entendido señor... - Mewt dudó un momento, pero al final preguntó - Señor Marcel... ¿Dónde estamos?
-Es cierto, llevas dos semanas medio muerto, así que no sabes donde estamos. - Marcel descorrió las cortinas. Se podían ver enormes edificios de altas torres y enormes palacios desde la ventana. Todos los edificios estaban bellamente decorados. Parecía que el lujo fuese la moda del lugar. - Bienvenido a Gabriel.

viernes, 1 de octubre de 2010

Deberías estudiar más.

Año 992. Habían pasado 12 inviernos desde la conversación entre el inquisidor Marcel y su antiguo maestro, el inquisidor Ángel. Dos jinetes encapuchados iban por uno de los cientos de caminos que recorren los bosques de Moth. Las túnicas negras lucían las cruces de la Inquisición. El silencio entre ambos era muy tenso.
-Señor. ¿A cuánto estamos del pueblo? - La voz del chico era melodiosa. Sonaba dulce en medio de ese silencio.
-No más de una hora Mewt. - El inquisidor Marcel se quitó la capucha. Estaba cansado, nunca se le había dado bien esperar. - Muy bien Mewt, y ahora como parte de tu entrenamiento. Dime, ¿por qué podemos fiarnos de los pueblerinos sobre los rumores de "seres extraños"?
-Bueno, primero, todos los habitantes estaban convencidos, lo cual descarta que sea la imaginación de un lunático. Además, los gritos que dicen haber oído, así como sus testimonios de personas asaltando los cementerios coinciden con el modus operandi de ciertos brujos. - Mewt estaba tranquilo. Llevaba unas cuantas horas preparándose para esa pregunta.
-Existen bandidos que conocen también ese tipo de cosas, y que las hacen para que los aldeanos se asusten con el miedo a nigromantes y no hagan nada contra los robos. También podría ser eso.
-Claro... - La respuesta le había dejado mudo. No se esperaba ese razonamiento, y la verdad es que tenía razón... ¿Qué más tenía? Tenía que pensar algo... - Bueno... junto a esos esqueletos a las afueras encontramos rastros de magia.
-¿Lo que significa que...?
-Yo... estooo... - No tenía respuesta para esa pregunta... ¿Qué podría ser?
-Deberías estudiar más. Significa que algún brujo esta reuniendo su ejército privado de no-muertos, pero su control tiene un área límite, y esta intentando forzar ese límite.
Mewt bajó la cabeza. Debió haberlo supuesto... Lo peor es que la noche anterior había estado leyendo el Malleus Malleficarum, y precisamente uno de los temas que trata son los nigromantes... Ahora se acordaba. Decía que había que matar al nigromante. Los no-muertos caerían al matarlo. 
En ese momento una flecha pasó delante del caballo de Mewt, haciendo que se encabritara y tirase a Mewt. En apenas unos segundos Mewt calmó al animal y sacó su Legislador, "Viva la Reina". La hoja vibraba, lo cual indicaba presencia sobrenatural cerca. De entre los arbustos a los lados del camino salieron dos esqueletos armados con espadas, y del otro lado salieron otros tantos.
-Muy bien Mewt... ¿Qué crees que afectaría más a estos seres?
Mewt apenas podía pensar. Los seres parecían estar sopesando la situación... Y Mewt aprovechó... Realizando unos cuantos gestos y cánticos señaló a unos de los esqueletos. A ojos normales no pasó nada... Pero a ojos de los presentes, una descarga luminosa se estrelló contra el esqueleto, destrozándolo completamente.
-Demasiado ostentoso. Con un tajo hubiese funcionado igual.
Acto seguido el inquisidor Marcel golpeó desde su montura a dos de los esqueletos, destrozando completamente los huesos. Sólo quedaba un esqueleto, que se lanzó sobre Mewt a toda velocidad. Mewt logró parar el golpe con su espada, consiguiendo un buen punto de contraataque al dejar el pecho de la criatura sin defensa, y cortándolo por la mitad de un tajo. Mewt se encontraba nervioso... Nunca había luchado en una pelea de verdad, y no parecía gustarle la idea de luchar continuamente por su vida, pero el inquisidor Marcel le hizo una señal para que volviese a montar. Mewt no rechistó, y montó de nuevo en el caballo. La capucha tapaba su cara, pero por su respiración se podía sentir su enorme miedo.

Ojalá tengas razón Marcel.

El inquisidor Marcel estaba esperando en el despacho. Llevaba de pie, mirando a su antiguo maestro, el inquisidor Ángel, desde hacía ya diez minutos... Le ponía de los nervios que hubiesen elegido para darle la bronca a su maestro. Nada más llegar a El Dominio, algunos inquisidores se le habían echado encima, ya que todos opinaban que el niño debió morir también, y tras examinarlo, decidieron que aunque tenía potencial, era peligroso para dejarlo en la escuela. Aunque Marcel había decidido que lo adiestraría él personalmente.
-Espero que ese niño tenga aunque sea la mitad de las capacidades que dices que tiene.
-Las tiene señor. Sólo hay que desarrollarlas.
-Eso habrá que verlo... Lo que no entiendo es que lo quieras adiestrar personalmente, Marcel. - El inquisidor se subió las gafas y se levantó de su asiento. - Desgraciadamente para nosotros, cada vez hay más seres sobrenaturales, y los altos inquisidores son absolutamente necesarios. Comprenderás que no puedo prescindir durante casi 16 años de un alto inquisidor como tú.
-Le aseguro que este niño podrá hacer el trabajo de diez inquisidores con el debido entrenamiento. Además - añadió - tampoco iba a retirarme. Durante el viaje atenderé a las misiones de la inquisición que me cojan de camino. Así el chico aprenderá en primera fila.
-Ese niño lleva una pesada carga en su interior, Marcel. Puedo sentirlo desde aquí. Puede que sea uno de los mejores inquisidores desde la fundación de nuestra Santa Institución... - El inquisidor Ángel se giró, y contempló los jardines que se veían desde su ventana... En plena primavera, las hojas estaban teñidas de un intenso verde, pero los ojos del inquisidor se perdían más allá del horizonte. - O puede que su poder lo consuma y sólo nos traiga la desgracia.
-Respondo con mi vida sobre este niño. Estoy seguro de que será un gran inquisidor.
-Ojalá tengas razón Marcel... Ojalá.



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El inquisidor Marcel salió del despacho con un permiso para entrenar al niño. Observó que al niño ya le estaba creciendo el pelo. Un cabello claro, rubio, pero con matas oscuras. El niño no era normal, desde luego, pero si lo fuera no merecería tanta atención. Marcel ordenó a unos criados hacer el equipaje, para él y para el niño. Tenía pensado ir a Moth. Hacían falta inquisidores en las Tierras Oscuras. Tenía pensado pasar por Gabriel también, pero primero esperaría a que el niño creciera un poco. Hasta entonces, bastaba con ir por Argos. Tan sólo unos 12 años. Según tenía entendido el niño ya tenía casi un año, así que estaría preparado... Más le valía estarlo.

Pues el niño se llamará Mewt.

Era noche cerrada. La lluvía caía pesadamente en ese bosque de Alberia... Los animales estaban escondidos en sus madrigueras, esperando a que pasase esa tempestad, y el único ruido que se escuchaba era el de las botas de unos hombres. Avanzaban poco a poco por el camino embarrado. Uno de ellos, el que iba delante, arrastraba una extraña arma, cuya enorme hoja estaba cubierta de placas. 

A lo lejos se divisaba una pequeña casa. Era poco más que una pequeña choza, y no parecía que fuese a resistir el próximo golpe de viento. Un rayo cayo sobre uno de los árboles cercanos, haciendo que ardiera y cayese a unos metros de la casa. Apenas audible, casi como un susurro, se escuchó el llanto de un bebé. El hombre de la extraña hoja se acerca a la puerta y la examina. Al quitarse la capucha, se ve su cara. La cabeza, completamente calva, reluce con cada rayo que cae. Un parche le cubre el ojo derecho, y una cicatriz sube por la cara, atravesando el ojo. El hombre tuerce los labios en una siniestra sonrisa, y hace un cabeceo a dos de los que se habían quedado atrás. Los hombres se acercan a la puerta, y la derriban limpiamente de un golpe. El interior no se encuentra mucho mejor. Una muchacha joven se encuentra tirada en el suelo, mojada y moribunda, amantando a un bebé. La mujer se asusta nada más ver a los hombres, y deja a su bebé en el suelo.
-Debiste saber que esto pasaría, bruja. - dijo el hombre del parche despectivamente.
-¿Quienes son ustedes? - El miedo se notaba en su voz. Pero el hombre no le dio respuesta. En lugar de eso alzó su arma, apuntándola con ella. Pasó apenas un segundo, y el arma se separó en eslabones unidos por cadenas doradas. La hoja salió disparada contra la mujer, atravesando su pecho y matándola en el acto.
-Odio que me hagan perder el tiempo de este modo. - El hombre se giró hacia dos de los hombres que le acompañaban, y que no tenían aspecto de soldados como el resto. - La próxima vez, será mejor que se aseguren de que necesitan que un inquisidor ven...
Nunca acabó la frase... Notó una extraña energía. Al girarse vio al niño lamiendo la sangre de las heridas de su madre... Esa energía podría aprovecharse... Un inquisidor con ese poder podría hacer maravillas... Sin apenas pensarlo recogió al niño en sus brazos, se giró hacia los dos hombres y les ensartó, igual que a la mujer.
-Guardias, pongan en el informe que la batalla fue dura, y el pueblo entero quedó destruido. Ningún superviviente.
Una sonrisa llena de locura apareció en sus labios. Por fin podría descargar el enfado por la decepción...


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Hacía ya varios días que habían salido de Alberia. El inquisidor Marcel llevaba varios días pensando en que nombre le iría bien a su nuevo proyecto de inquisidor. Casi como si fuese inspiración divina, un nombre llegó a su cabeza. Mewt... y, ¿cómo se llamaba esa bruja?¿Sarah Randell? Pues ya está, Mewt Randell.
-Te llamarás Mewt Randell, pequeño.
Y casi como si el nombre le gustase, el pequeño sonrió.