Mewt bajó al sótano. Llevaba varias horas pensando en que hacer con aquella chica. Había estado a punto de costarle todo lo que quería en este mundo, pero cada vez que pensaba en ella... Finalmente, delante de la puerta del sótano, decidió que como inquisidor, nada debía interponerse en su camino. Manteniendo una cara excepcionalmente seria, Mewt abrió la puerta. Maya estaba colgada de pies y manos con cadenas, y todas las armas que llevaba encima estaban ahora sobre una mesa. Unas decenas de estiletes y dos dagas.
-Vaya. Por fin alguien viene. Creí que te había matado con el estilete. - Maya movió la cabeza, quitándose el pelo de delante de la cara. Al parecer Marcel había estando golpeándola, ya que tenía la cara llena de moratones. - La próxima vez me aseguraré de que traspase tu corazón.- Mewt no respondió. Ella estaba furiosa, tenía derecho de estarlo, pero ahora él tenía un asunto muy importante entre manos.
-¿Qué hacías en la casa de aquél noble? Es obvio que eres una asesina, pero algo me dice que eres capaz de mucho más que de colarte ahí.
-Lo soy. Pero ese día estaba actuando de libre. ¿Te importa?
Mewt no llegó a contestar. Escuchó unos pasos, de alguien con una armadura... Aquella casa era de incógnito... ¿Quién la habría encontrado? Por la expresión en la cara de Maya, ella también había oído los pasos. Mewt agarró la empuñadura de su Legislador, y se encaró a la puerta. Pasaron diez tensos segundos... Entonces se oyeron unas voces, de dos hombres discutiendo.
-Puedo derribar esta puerta de un sólo puñetazo.
-¡Ja! Puñetazos... Déjele hacer a mi pequeñita y verá, anciano.
La discusión comenzaba a a alargarse... Finalmente Mewt perdió la paciencia y lanzó una descarga de luz contra la puerta, haciéndola reventar. Justo detrás, en las escaleras, había dos hombres. Uno era joven, de unos veintitantos, con el pelo castaño en una melena. Era enorme, de unos dos metros, y llevaba una armadura que parecía bastante pesada. Sujetaba una enorme hacha de doble filo en una mano, y llevaba a la espalda un mandoble y una ballesta. El otro llevaba una túnica. Aparentaba unos cuarenta y pocos. De estatura media, y con un aire desaliñado, con la barba descuidada. Ambos pegaban tanto como una monja y una espada.
-Señores, esto es propiedad de la Inquisición. Será mejor que se vayan.
Ambos hombres se quedaron impresionados. La explosión les había pillado de imprevisto, pero el hombre de la armadura parecía alegre.
-Vaya. Por fin alguien con algo de fuerza. ¡Lucha si te atreves! - Antes de decir nada más, el joven se lanzó a por Mewt, pero justo antes de poder hacer nada para evitarlo, el otro hombre le puso la zancadilla, haciéndole caer al suelo.
-Lo siento por mi compañero. Su nombre es Marcial, señor inquisidor, y yo soy Bastex.
Mewt no podía salir de su asombro... ¿Quiénes eran esos dos locos?
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