Tras llegar a la puerta, y ver las vestimentas con la cruz, un mayordomo les hizo pasar. Al llegar al vestíbulo salió a recibirles el dueño de la finca. Tras ofrecerles su hospitalidad, y dos habitaciones, les informó que, si estaban interesados, estaban teniendo una pequeña charla en el salón principal. Al llegar a las habitaciones Marcel posó su mano sobre el hombro de Mewt.
-Ve a ver de que están hablando allí abajo. A veces se puede sacar información provechosa de los sitios más inesperados.
Mewt sabía lo que significaba eso. Marcel iba a hacer ciertas comprobaciones en las salvaguardias mágicas que usaba, y odiaba que hubiese alguien cerca mientras lo hacía. Tras cambiarse las ropas mojadas por otras más acordes para una reunión de salón, bajó al piso inferior, dando una pequeña vuelta por el piso inferior. Al ver una puerta en la que ponía "Galería", entró. No le decepcionó lo que vio. Una enorme galería de arte religioso. Al ver una imagen sobre el sufrimiento de Abel en la cruz, se inclinó, haciendo una pequeña reverencia.
-Vaya, usted debe de ser uno de los dos inquisidores... ¿No? - La voz era femenina, de una chica joven. Al girarse, Mewt vio a la chica. Joven, como mucho un par de años más que él. Llevaba el pelo, largo y rubio, recogido en una larga coleta, y vestía un vestido largo, de un color rojo sangre. - ¿Le he asustado, señor inquisidor?
Mewt intentó parecer tranquilo, pero nunca se había sentido a gusto con otras personas, menos con mujeres atractivas. Intentando mantener la compostura volvió a girarse hacia el cuadro.
-Así es... ¿Y vos sois...?
La chica se acercó hasta Mewt, y le miró con curiosidad. No parecía que fuese su idea de un inquisidor.
-Maya.
-Eso no dice mucho. - Mewt se preguntaba que haría ella allí. No parecía noble, pese a lo bien vestida que iba, y desde luego no era una sirvienta. - ¿No deberíais estar en el salón?
-¿Es que esto es un interrogatorio, señor inquisidor? - Maya se acercó aún más a Mewt, llegando a escuchar su agitada respiración.
-Me parece que aún no ha respondido a mi pregunta. - Mewt comenzó a aplicar todo lo que había entendido. Estaba dispuesto a ser él el que hiciera las preguntas, no al revés.
-No, no debería estar aquí, eso desde luego. Pero creo que usted tampoco. Aunque bueno... Eso tiene fácil solución, ¿no? - Mewt se sonrojó. No hacía falta ser muy listo para imaginar la falta de contacto femenino que había tenido debido a su entrenamiento. La chica se acercó y le besó en la mejilla. - A menos que el señor inquisidor tenga algo que decir en contra. - Sin darle tiempo a decir nada en contra, Maya besó a Mewt, esta vez en los labios, acariciando su pelo y soltándole los nudos con los que lo llevaba recogido. Sin saber como ni porque, Mewt acabó yendo con ella, todavía besándose, hasta su habitación.
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Habían pasado ya varias horas. Mewt y Maya estaban en la cama de ella. Las sábanas estaban liadas, y Maya descansaba plácidamente sobre Mewt. Mewt estaba despierto, y tenía miedo. Durante todo ese tiempo había estado reprimiendo un extraño impulso de lanzarse sobre el cuello de Maya y morderla. Ahora, viendo como Maya descansaba sobre él, ese impulso se estaba haciendo aún más fuerte. Se acercó ligeramente a su cuello. Olía a perfume. En tan sólo un momento, la mordió, provocando una pequeña herida, y lamió la sangre que salía de ella. La herida se cerró pronto, pero Mewt sólo podía pensar en una cosa: ¿Por qué?¿Qué era ese extraño impulso?Pobre de él, se quedo dormido antes de llegar a encontrar la más mínima respuesta.
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