A lo lejos se divisaba una pequeña casa. Era poco más que una pequeña choza, y no parecía que fuese a resistir el próximo golpe de viento. Un rayo cayo sobre uno de los árboles cercanos, haciendo que ardiera y cayese a unos metros de la casa. Apenas audible, casi como un susurro, se escuchó el llanto de un bebé. El hombre de la extraña hoja se acerca a la puerta y la examina. Al quitarse la capucha, se ve su cara. La cabeza, completamente calva, reluce con cada rayo que cae. Un parche le cubre el ojo derecho, y una cicatriz sube por la cara, atravesando el ojo. El hombre tuerce los labios en una siniestra sonrisa, y hace un cabeceo a dos de los que se habían quedado atrás. Los hombres se acercan a la puerta, y la derriban limpiamente de un golpe. El interior no se encuentra mucho mejor. Una muchacha joven se encuentra tirada en el suelo, mojada y moribunda, amantando a un bebé. La mujer se asusta nada más ver a los hombres, y deja a su bebé en el suelo.
-Debiste saber que esto pasaría, bruja. - dijo el hombre del parche despectivamente.
-¿Quienes son ustedes? - El miedo se notaba en su voz. Pero el hombre no le dio respuesta. En lugar de eso alzó su arma, apuntándola con ella. Pasó apenas un segundo, y el arma se separó en eslabones unidos por cadenas doradas. La hoja salió disparada contra la mujer, atravesando su pecho y matándola en el acto.
-Odio que me hagan perder el tiempo de este modo. - El hombre se giró hacia dos de los hombres que le acompañaban, y que no tenían aspecto de soldados como el resto. - La próxima vez, será mejor que se aseguren de que necesitan que un inquisidor ven...
Nunca acabó la frase... Notó una extraña energía. Al girarse vio al niño lamiendo la sangre de las heridas de su madre... Esa energía podría aprovecharse... Un inquisidor con ese poder podría hacer maravillas... Sin apenas pensarlo recogió al niño en sus brazos, se giró hacia los dos hombres y les ensartó, igual que a la mujer.
-Guardias, pongan en el informe que la batalla fue dura, y el pueblo entero quedó destruido. Ningún superviviente.
Una sonrisa llena de locura apareció en sus labios. Por fin podría descargar el enfado por la decepción...
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Hacía ya varios días que habían salido de Alberia. El inquisidor Marcel llevaba varios días pensando en que nombre le iría bien a su nuevo proyecto de inquisidor. Casi como si fuese inspiración divina, un nombre llegó a su cabeza. Mewt... y, ¿cómo se llamaba esa bruja?¿Sarah Randell? Pues ya está, Mewt Randell.
-Te llamarás Mewt Randell, pequeño.
Y casi como si el nombre le gustase, el pequeño sonrió.
-Odio que me hagan perder el tiempo de este modo. - El hombre se giró hacia dos de los hombres que le acompañaban, y que no tenían aspecto de soldados como el resto. - La próxima vez, será mejor que se aseguren de que necesitan que un inquisidor ven...
Nunca acabó la frase... Notó una extraña energía. Al girarse vio al niño lamiendo la sangre de las heridas de su madre... Esa energía podría aprovecharse... Un inquisidor con ese poder podría hacer maravillas... Sin apenas pensarlo recogió al niño en sus brazos, se giró hacia los dos hombres y les ensartó, igual que a la mujer.
-Guardias, pongan en el informe que la batalla fue dura, y el pueblo entero quedó destruido. Ningún superviviente.
Una sonrisa llena de locura apareció en sus labios. Por fin podría descargar el enfado por la decepción...
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Hacía ya varios días que habían salido de Alberia. El inquisidor Marcel llevaba varios días pensando en que nombre le iría bien a su nuevo proyecto de inquisidor. Casi como si fuese inspiración divina, un nombre llegó a su cabeza. Mewt... y, ¿cómo se llamaba esa bruja?¿Sarah Randell? Pues ya está, Mewt Randell.
-Te llamarás Mewt Randell, pequeño.
Y casi como si el nombre le gustase, el pequeño sonrió.
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